Abriendo La Lata…

Creo, sin error a equivocarme, que esto de las latas siempre ha estado en nuestras casas.
Mis abuelos ya disfrutaban de ellas en noches de  verano donde una de sardinas con una cebolleta picada y pan hacía las delicias de todos. ¿Y quién no ha abierto una de  mejillones para acompañar una cerveza rodeada de amigos?
En Madrid siempre hubo (y hay) lugares donde tomarse un extraordinario vermut de grifo rodeada de las mejores. Bares, tascas y tabernas que guardan aún el sabor añejo de aquellos años de esplendor  y que hoy son visitados por los que añoramos una buena conserva.
Es por ello que cuando conozco a Ángel y me habla de su bar de tapas/ restaurante( La Lata Montada) quiero ir a verlo y sobre todo, probar todas esas cosas que me cuenta.
El  espacio es coqueto, con colores cálidos y detalles que te hacen sentir como en casa. Flores en las mesas o  pequeñas pizarras con mensajes que te hacen sonreír.
Pídete una cerveza porque es de los lugares donde se tira muy bien y luego sencillamente, disfruta con esas “cosas maravillosas que vienen en lata”. Aunque si eres más de vermut  tienes varios para elegir (implantada ya está  la hora del «vermú» de toda la vida oiga)
Una manera diferente de comer unos berberechos, (de nuevo con vermut) y pipas de vinagres añejo. Sorprendente. Aquí nada es lo que parece, y no todo es tan simple como abrir la lata, es presentar un plato con un excelente producto de una manera distinta.

La idea de los chipirones con anchoas y mousse de su propia esencia es un juego que funciona muy bien. La anchoa aporta la sal que  el chipirón no lleva haciendo las delicias de los comensales.
La tosta de pulpo al ajo y aceite y la Mousse de queso y boletus , ambas elaboradas en su propia lata , hacen que cambie la opinión de algunas personas sobre las conservas.

No dejamos de divertirnos y de ello se encargan Ángel y su socio José (falta hoy Sonsoles) y nos sorprende con “La noche que la alcaparra salió de juerga”, unas anchoas que envuelven  literalmente a una alcaparra y que en boca es sencillamente redondo.

Una ventresca  muy fina con su reducción y recuerdos del Himalaya (Sal rosa y gris) y para terminar una Carrillera Ibérica que sorprende muy gratamente.
 Y sorprende porque he de recordar que todo viene en  conserva. Productos de primera calidad, como aceite de oliva virgen de Castillo de Canena.
Finalizamos con una Secreto Ibérico  y un plato de  Marmitako, (ese día en el menú), que estaba extraordinario. Dos señores platos para  terminar tan singular, divertida y espectacular  comida.
Dispone de una carta de vinos, cavas y champagnes muy acorde con el lugar, amplia y correcta con precios atractivos.
La Lata Montada es parte de un  proyecto global  y próximamente abrirán dos espacios más, uno de ellos de 600 metros y con  muchas sorpresas.
De lunes a viernes dispone de menú del día por 10 € (déjate sorprender).
Al tener muy pocas mesas te recomiendo que reserves con antelación hasta la  apertura de los otros espacios más grandes.
Por motivos de seguridad (se encuentra al lado del Congreso)  aún no disponen de  teléfono. Reserva  en sus redes sociales o vía mail: info@lalatamontada.com
Ticket medio: 20 €
La Lata Montada
C/Marqués de Cubas 16
28014 Madrid

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